Debía hablar
esta noche de la desnudez
De la
arbitraria ansiedad que se come mi cuerpo
Ofrendo el
corazón, guardo la caricia de los ausentes
Debía hablar
de mis senos erectos sobre tu espalda
Unir lunares
en un juego de piel contra todo mal augurio y todo desierto estéril del dolor
Yo debía
hablar de las manos que sujeto en las calles de una ciudad asesinada de luz, roída
de pasiones comunes y guayoyo recolado
Existir como
promesa
Camino bajo
los puentes para mirar contigo los libros desechos por el polvo
Debía hablar
del profesor asmático que completaba billetes para no morir ahogado esa noche,
debía hablar de la certeza de ciertas ruinas
Tenemos un
cuerpo insuficiente
que se
desborda y clama
de nada
sirve mirar el río de sangre que a gotas cae en cada uno de nuestros sueños
porque hemos
perdido un lugar construido sobre naipes de algodón
La patria
que quisimos pende de un hilo sujeto de las manos de un dios desconocido,
nombrado de mil formas, nuestro al fin
A esta
altura me basta con escuchar el trueno y saber, no es sólo mío
Dejar la
garganta seca y gritando mientras vamos a conseguir el alimento de los hijos
Aspiro el
cuello de mi niña para regresarla al vientre, me la como en el almuerzo a besos
por falta de pan. Lloro cada hambre
Maldigo
todas las mañanas y no tengo culpas
Mis padres
me quitaron el peso del Dios castigador
Llevo la
historia de los pobres conmigo
Pocas veces
mi clase a dejado de matarse a sí misma
pero lo
creímos, hicimos la fiesta del tambor recuperado,
la venganza más grande es la
alegría, la empeñada manera de entregarlo todo
No tengo
palabras de perdón
puedo mirar
de frente al hombre blanco, al corrupto, al asesino, al traidor, al amo, al
pegador, al viejo y nuevo rico
escupo en
nombre de las miserias que los glorifican en alta voz como héroes olvidados y
sordos
me vengo del
dolor de la tierra que piso, de la que no conozco, de la que ya acabaron en el
saqueo inagotable de sus ambiciones
Mi
continente es una diáspora de sobrevivientes, nos puebla una luz terca
Atízala!
dale madera al fuego para que se abra el silencio!
Soy sólo una
mujer que habla
mi madre es
una negra blanca
mi padre
moro hijo de india
parí una
niña rubia
tengo un
hermano que tiene por ojos dos almendras
y por destino una flor vibrante siempreviva
Aferramos
este tiempo a un lugar
en él los
mangos y los colores son de las niñas
los malos
gobiernos no matan a los maestros
las palabras
valen el peso del corazón
compartimos
la mesa de lo que labramos juntos
nadie paga
por picar un cuerpo en pedazos y luego quemarlo frente a los vecinos
Debía hablar
esta noche de la belleza
de la
palabra dulce
enamorada
palabra que invita
pero hoy hablo para
no censurar más la rabia
quiero decirles
que a pesar de esta guerra
Aún…no hay
pueblo vencido