lunes, 12 de marzo de 2018

El amor es una estrella roja de cinco puntas


Debía hablar esta noche de la desnudez
De la arbitraria ansiedad que se come mi cuerpo
Ofrendo el corazón, guardo la caricia de los ausentes
Debía hablar de mis senos erectos sobre tu espalda
Unir lunares en un juego de piel contra todo mal augurio y todo desierto estéril del dolor
Yo debía hablar de las manos que sujeto en las calles de una ciudad asesinada de luz, roída de pasiones comunes y guayoyo recolado

Existir como promesa
Camino bajo los puentes para mirar contigo los libros desechos por el polvo
Debía hablar del profesor asmático que completaba billetes para no morir ahogado esa noche, 
debía hablar de la certeza de ciertas ruinas

Tenemos un cuerpo insuficiente
que se desborda y clama
de nada sirve mirar el río de sangre que a gotas cae en cada uno de nuestros sueños
porque hemos perdido un lugar construido sobre naipes de algodón

La patria que quisimos pende de un hilo sujeto de las manos de un dios desconocido, 
nombrado de mil formas, nuestro al fin

A esta altura me basta con escuchar el trueno y saber, no es sólo mío
Dejar la garganta seca y gritando mientras vamos a conseguir el alimento de los hijos
Aspiro el cuello de mi niña para regresarla al vientre, me la como en el almuerzo a besos por falta de pan. Lloro cada hambre
Maldigo todas las mañanas y no tengo culpas
Mis padres me quitaron el peso del Dios castigador
Llevo la historia de los pobres conmigo

Pocas veces mi clase a dejado de matarse a sí misma
pero lo creímos, hicimos la fiesta del tambor recuperado, 
la venganza más grande es la alegría, la empeñada manera de entregarlo todo

No tengo palabras de perdón
puedo mirar de frente al hombre blanco, al corrupto, al asesino, al traidor, al amo, al pegador, al viejo y nuevo rico
escupo en nombre de las miserias que los glorifican en alta voz como héroes olvidados y sordos
me vengo del dolor de la tierra que piso, de la que no conozco, de la que ya acabaron en el saqueo inagotable de sus ambiciones

Mi continente es una diáspora de sobrevivientes, nos puebla una luz terca
Atízala! 
dale madera al fuego para que se abra el silencio!

Soy sólo una mujer que habla
mi madre es una negra blanca
mi padre moro hijo de india
parí una niña rubia
tengo un hermano que tiene por ojos dos almendras 
y por destino una flor vibrante siempreviva

Aferramos este tiempo a un lugar
en él los mangos y los colores son de las niñas
los malos gobiernos no matan a los maestros
las palabras valen el peso del corazón
compartimos la mesa de lo que labramos juntos
nadie paga por picar un cuerpo en pedazos y luego quemarlo frente a los vecinos 

Debía hablar esta noche de la belleza
de la palabra dulce
enamorada palabra que invita
pero hoy hablo para no censurar más la rabia
quiero decirles que a pesar de esta guerra
Aún…no hay pueblo vencido


Campo minado

Qué lengua ponerle al esculpido en el aire de las palabras de piedra
Calma   cuerpo   saliva   llanto

Y cómo dibujar en el aire signos para que mires este ojo agotado que se ha vuelto el horizontal paisaje que mira

Todo este peso es un clamor que parte las caderas y deja expuesta la piel en el suelo

Nada ha dejado de doler
la forma en que callamos también nos implica
entonces se hace el ruido

Suele nacer del centro de la boca y terminar mordiendo la punta de los dedos
como un animal enjaulado como un tráfico de luces

He contado mis entrañas un día tras otro 
las he dejado en la piedra  a dejar que el sol haga lo suyo
a esta hora amo el clamor del aire en la ventana 
el desconocimiento total de la carne que en fin somos 
las grietas que se han dejado cubrir de barrio para eternizarlas  para hacer con ellas casas e irnos a morir en paz  se han hecho las sombras de papel mache y los aparatos

A esta hora sólo la palabra que deja la puerta abierta vale y no es mía   
 ha quedado la historia de los hombres en el ombligo   
 ha quedado la polis clausurada en mi garganta  
 cada uno de sus encuentros es la llamada de otro recorrido
 un mar fluyendo por debajo y los talones andando el desgaste de esa ruina

A esta hora soy la carga
Un campo minado al frente

En casa se quedaron los zapatos y la fe

sábado, 25 de febrero de 2017

Mantra para un olvido


Puñado tierra debajo de la lengua
Pólvora  nariz
Olfato encendido   aire
Recostado hacia el mundo con la calma
Abrirás tu boca para las palabras muertas
Un oxígeno te llena las sienes en la cima
Acantilado cada brazo
Ansía de la quietud
Quietud
Cuántas veces fui tu cuerpo?
Y cuantas desee serlo a pesar de ti?
Erecto me colmaste de semen y saliva
Lengua prematura
La mía
Febril
Conserva un ojo en la sombra de nuestro llanto
Hemos sido vencidos
Se lamenta todo el campo a plenitud
Estéril la hiedra lo inunda todo
Las piedras de tu mesa
Los buenos augurios
Velas rojas
Sangre en la almohada
Temblando a punto de delirio y el agua cayendo sobre mi cabeza cuando el dolor me enloqueció
Origen y final
Cuento entero de la angustia
Quién pensaría que un metro setenta y dos de carne fuera de papel?
Mantra para el olvido
Presión primera fuí
Océano profundo
Cayena húmeda
Un día a la vez amor
Mi cabello ya no tapa los drenajes de casa
No hay flores ni árboles enanos
Ni tazas con borra de destino en la alfombra
Nuestras notas no fueron manifiesto ni antología de cartas para publicar
Tan público nuestro amor
Tan rotundamente errado
Tan tóxico
Extraño
Entro y salgo de tu pecho cada vez que quiero
Me parto
Siempre habrá en esa esquina una mancha
La lluvia entrando en la ventana seguirá mojándote los pies
Los pájaros de la mañana no saben de mi ausencia
Sus memorias no me salvan
Pido de regreso mi vientre
Te pido

martes, 24 de marzo de 2015

poema anti-cursi


Me han llamado siempre por mi nombre
Con todas las letras de su pronunciamiento
Ningún hombre ha colado su garganta para decirme “mami”
los más osados me nombraron en diminutivo
porque según este amor se ama en pequeñito
en cosa    en vaina chiquita
según este amor también el sexo de las mujeres no sería de carne y segregaciones sino de algodón o plumas
un centro de alergias y acumulación de polvo en consecuencia
según ese amor gemir bajito sería lo adecuado
para no espantar a los vecinos ni llamar a los demonios a que vengan a mirar como nos devoramos a gritos y mordiscos por el cuello y los brazos y la juntura de las curvas desdoblándose
según ese amor yo debería estar triste
ser una decepción de mi género
debería renunciar a amar porque no me he quedado esperando que el tipo venga a prometer un amor perdurable, etéreo, cubierto de melao
los hombres que he amado están lejos de ser caballeros
lejos de ser príncipes
lejos de ser “papis”
debe ser que una es una mujer que lleva en la frente un aviso que prohíbe regalar flores los 14 de febrero y por eso han venido los libros a colmar mi cuarto
como testimonio del amor
ese es un amor donde los cuerpos no sudan, no salivan, no se excitan
donde no cabe la arrechera del mundo cuando a veces somos tres con el silencio
cuando quitarse la ropa no es un acto heroico o erótico sino un despojo
una soltura necesaria que se desploma al lado y entonces abraza en su condición de hombre terrenal
según ese amor de tarjetita a una se le debe romper el corazón para de él salgan caramelos amargos
y no la calma de quien mira un cielo caerse sobre sus pies
y se retira a puño cerrado con la vida para luego más tarde
una que ha escrito tantas cartas de amor
una que se ha enamorado de hombres pasionales  tercos  existenciales
una que ama un amor que le llene la cabeza de palabras dulces
que me llame por mi nombre
que toque la tierra con las manos desnudas

lunes, 10 de noviembre de 2014

A confesión de pájaros...o un poema panfletario para Kobane

El vientre de las mujeres kurdas
preñado de la humanidad entera
no es de pan
ni de  maíz

sus sexos son el comienzo del hombre
linaje de senos de carne poblaron la nación prohibida
sus bocas de arroz nacidas para morir de hambre

Ellas gritan un idioma que se perdió en las formas del tiempo para retornar
los campos naranjas vieron venir el ruido de la guerra necesaria

Los vientres en Kobane son de fuego
a plomo se hacen las tierras que poblarán sus hijos libres
no más llorar la ausencia del hombre de la guerra
estando abiertas todas las sombras de la muerte
será bienvenida cada mano que sepa llevar un fusil
será bienvenido cada aliento entregado al cultivo del mundo

La llenura de la luna está en la guerra desde ahora
y el canto hondo al amanecer
el mismo con que se siembra el suelo
las palabras con que nombraremos lo que vendrá
la libertad que por desconocida se desea

El vientre de las mujeres kurdas
llevan dentro la sangre como un volcán 
han decidió cerrar las puertas de casa para volver a ella abriendo las ventanas para siempre
en cada vigilia asoman el pronunciamiento de la rabia
la anatomía circular del aire
verticalidad del árbol
y los himnos de la garganta hembra
espectadoras de dolor por siglos de líneas fronterizas

las generaciones de cadáveres en el vientre de las mujeres kurdas

ser la carne
ser la clase
ser el sexo
en nombre de la libertad

Los vientres de las mujeres kurdas
han abierto un hoyo sobre la tierra
quebrándola
a confesión de pájaros
han dejado tronar sobre los pies su canto


De pura tristura un día

En el patio de la casa de mi madre crece desde entonces un árbol
Desde que los papeles se volvieron el ritual de despedida
Y quisimos olvidar

El patio de la casa de mi madre se sostiene como una pluma en medio de la noche
Atisba un cielo oscuro de ombligos abiertos
Pues esa casa sabe que descalzos es que podemos ponernos de pie
Respirar

El patio de la casa de mi madre es un agujero
En él hemos lanzado todos los restos
El sudor la saliva el silbido agudo que llama a puerta

El patio de la casa de mi madre no escribe ni vota
Ni se come las uñas
Camina para atrás y se detiene en medio de los ojos
Logra abrirlos

Ahí hemos de morir finalmente
Nos taparan las hojas de aquel árbol que sembramos de pura tristura un día
Podremos decir entonces que somos la tierra
Que nos quema el acento de las tempestades
Que nos agota la intemperie de ser tan de carne

En el patio de la casa de mi madre no se acaba el tiempo
Los muertos los llevamos con nosotros
Como debe ser siempre que queremos comenzar de nuevo
Y tocar como se toca un cuerpo que una ama
El latido del aire mientras dure
El animal vivo que guarda la cena
Y caza su comida en la montaña
Que lame fielmente la herida de sus patas

El patio de la casa de mi madre es una senda por donde los grillos vienen a dormir
Nos han colmado la boca de su verde para treparnos por dentro y preñarnos de ruidos
Generaciones de pájaros son testigos
Qué dirán en su tránsito de cielo?
Cuánto esperaran para partir?
Cómo sabrán que han olvidado?
Ellos, que también saben volar

viernes, 1 de agosto de 2014

Me queda fe

en mí el estallido
la calma del abrazo la espera 
no pude parir a mi hija y sin embargo soy su madre
ella se dio vuelta
se clavó en mis costillas
tenía miedo
como yo y como las cuatro manos que la han cargado desde entonces
durante horas nos anidamos con un signo de muerte
y sobrevivimos 

he sido llanto y conformidad
le puse árboles a la caderas
pájaros con tinta de fuego para olvidar
así fui dejándo mi cuerpo como mueca para otros

he sido la razón del silencio más punzante
la casa vacía
punto desnudo de mi cama
espalda en contraluz del tiempo

he sido el suelo abriéndose
el trago de la tierra y la verguenza
la carne expuesta en la cima de las ruinas
de las manos cerradas en puño

he sido la palabra escrita tantas veces como para hacerme la idea de lo postergable
respiración profunda, deshielo
boca a boca de las grutas

he sido la imagen de lo roto
la frase celebrada
he sido trofeo y castigo
censurada y prohibida
uso y desuso
añoranza
deseo
odio

he sido el nombre deletreado despacio
pronunciamiento
tras las cortinas
y debajo de las sábanas
en la mesa pública y los viajes por tierra

he sido la duda
lo efímero
la lastima
la comprensión
la negación
el fracaso
el aire recuperado
vuelto a asfixiarse

la mujer que me hace cuelga de las paredes con las manos arriba y resucita cada vez que se guarda
el polen no cuida de los vientres de las mujeres sin huella
no somos la certeza

he sido cada una de las putas que pueblan la luz
de los vitrales
expuestas a la muerte y al ruido
consonantes del miedo periférico

ave caída en las manos de un hombre
volcado el corazón al transeúnte
al pasajero
los caminos de los trenes tienen sonidos de taladro
rompen el suelo por años de constancia
hasta llegar al centro y tocar el cielo inverso del mundo
su ombligo  

los hombres que amé reposan en el hilo invisible que teje los tobillos con la nuca
camino con ellos
esclava de mí
agotados los incendios
 he sido la rabia
la perdida del tiempo
del brutal choque de la cara contra las almohadas
contra los intentos

la hija he sido
la mujer de
la amante

he desbaratado el camino
lo he vuelto a armar
rotos los pies
comidos los ojos
cansada la altura de los hombros
abrí mi boca
tan grande como para causar un ajuste en el torno del suelo donde nací
toco el aire de lo que aún no nos han robado

me río de las causas
ando descalza para saber que sigo viva
pruebo el alimento con las manos
las quemo
párpados arriba debajo del agua
contengo la respiración
ordeno los libros para ordenar mi cabeza
amo como lo hacen los animales por extinguirse
lamo y grito
oigo de pie 
duermo el sueño de los que ya no esperan
me queda fe