sábado, 26 de enero de 2013

Cédula de identidad


Hace dos horas te hubiera dicho cuántas veces hice el amor con el mismo hombre
cuánto mide mi mano en el resplandor del mediodía

Hace dos horas te hubiera dicho que profané la tumba de Cortázar
y me dolí en sus huesos durante días bajo la misma lluvia
vengo del destierro te diría
de la espalda de una guerra clandestina
nací de un vientre comunista
diría
mi padre es un genio que se ríe

Hace dos horas te hubiera contado cómo me gusta tomarme fotos desnuda
y caminar sin prisa con un libro semiabierto en la mano
te diría que mi nombre lo inventaron con vino tinto y una canción en portugués
que creo empeñadamente que me muero en el cuerpo de los otros
que me juzgo y llego a casa culpable

Hace dos horas te diría que me gusta comer aceitunas
que leí tres veces Rayuela
que le debo mi niñez al unicornio
-un Charlot sentado mirándome, a su lado un perro blanco- son mis cinco años

Hace dos horas te diría que me hubiera gustado nacer en otra lengua
que esta no me alcanza porque no imita el eco de la montaña
cada vez que nace un pájaro
te diría que no doblego mi frialdad
que en ella me protejo desde que creo en anónimos,  en ningunos

Hace dos horas te diría que con Frida me beso todas las mañanas
y la celo de Trotski y de Rivera
ella me reserva su color púrpura
me pinta los senos como manzanas, los muerde y no me ama la Frida
a mí, que la amo tanto
te diría que he decidido borrarme el rostro
acostarme esta noche contigo para desconocerme
te apretaría la palma de la mano mientras ando sobre ti, deshaciéndote
para que no me olvidaras
-soy todo esto y nada-

Hace dos horas me drogaría contigo
lloraría hasta volverme patética y dormirme respirando vencida
me dejarías

Hace dos horas te diría que quiero morirme en la punta de un árbol
difuminarme en la silueta horizontal del infinito.

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