Quizá alguien diga al final que hicimos lo posible
que en la calle a dos manos se nos hundió el mundo
que eso se hizo de ausencias
de faltas de pan compartido
que ninguno supo quemar adentro
que aprendimos a olvidar para sanar el tiempo
para andar a dos pies aún y a pesar de la derrota
Quizá alguien diga al final que supimos querernos
como se abren los cielos en lunas cargadas
en la dispersión del aire del desierto
Así el alma esta prestada al silencio
a la tiranía de los insectos
domingo, 17 de marzo de 2013
Tal accidente temporal
puede el epistolario breve ser silencio hasta el hastío
puede lo informe una mano extender
ser ascenso
certeza
todo camino que anduvo una ciudad que es su noche
su corrida del aire
puede un campo de pieles y de besos
abrir tomadas aceras
y quedarse
desgastarse luego
puede el alcohol tocar el amplio espacio de la ruina
ser la ruina
mañana es un concepto muy lejano
afuera el cielo no sabe de este dolor
se han quedado callados los fantasmas
puede colmarse el pecho de aire
de entregas suicidas
nadie recuerda
tal desnudez
tal accidente temporal
puede lo informe una mano extender
ser ascenso
certeza
todo camino que anduvo una ciudad que es su noche
su corrida del aire
puede un campo de pieles y de besos
abrir tomadas aceras
y quedarse
desgastarse luego
puede el alcohol tocar el amplio espacio de la ruina
ser la ruina
mañana es un concepto muy lejano
afuera el cielo no sabe de este dolor
se han quedado callados los fantasmas
puede colmarse el pecho de aire
de entregas suicidas
nadie recuerda
tal desnudez
tal accidente temporal
Carta para un hombre
“A mí me han hecho los hombres que andan
bajo el cielo del mundo
buscan el brillo de la madrugada
cuidan la vida como un fuego”
Juan Gelman
Con nudos en la garganta cuesta escribir. Pero hace falta,
el tiempo lo pide. En esa conciencia de que vivimos en plena historia de un
continente, que somos ese entramado de manos y pasos que avanzan sujetando para
si el destino, esa conciencia que nos ayudaste a entender. Profundo es el dolor
de no comprender la muerte, alrededor de tu cuerpo hicimos ofrendas, cantamos
cada uno en su idioma, en su religión, en su gesto, hemos llorado desde hace
trece días tu muerte, nos hemos apilado unos contra otros en las calles para no
sentirnos tan solos, para acompañarnos en la rabia de no tenerte, en el grito
silencioso en que se convirtió el vacío que nos dejaste como si una gran nube
se cayera del cielo en medio de la ciudad, dejándonos por momentos ciegos,
dispersos, abrumados. Y pasará, lograremos despertar sin esa presión en el
pecho, pasarán los días y aprenderemos a vivir con tu ausencia, podremos
convocarnos de nuevo en las plazas y las calles sin esperar la voz de tu
cantar, la idea lumbrera a la que nos acostumbraste, el sueño de muchos en la
retórica-esperanza que fuiste, nuestros hijos irán de nuestra mano sin esperar
verte en medio de los muchos que te acompañamos, que creemos en ti.
Yo
que crecí escuchándote, que arme la vida alrededor de tus
ideas-fuego, de las que nuestros abuelos, y los abuelos de ellos han conservado
como un legado, caro les ha costado, caro nos ha costado abrir las puertas de
los siglos con el mismo hambre, con el mismo enemigo, en la misma tierra. Yo
que crei en ti como se cree en el amor, que me sentí hija tuya y camarada, fui
a despedirme cada día, me mantuve cerca de tu imagen porque no lo creía, porque
tamaño dolor es inaceptable, fui a sembrarte en tu cuartel con los miles, fui a
decirte gracias, fui a entender un poco la vida, a crecer fui, entonces te
volviste el abrazo de mi madre, te volviste lágrima de mi padre, te volviste
sueño de mi Alma, te volviste una marcha de tambores y banderas, te volcaste
sacrificio.
No te quise mártir comandante, te quise hombre-maestro, te quise
piache, te quise guía, te quise historia de llano, te quise la voz de los míos,
te quise esperanza para los que crecimos marcados por la derrota, te quise
ejemplo de mi generación, te quise legado para no equivocarnos, para no
perdernos en el miedo, en la ruina que nos ofrece el mundo que quisiste cambiar
cada día, te quise Bolívar y Martí en la palabra, te quise héroe de nuestros
hijos, te quise canción de la victoria, te quise 13 de abril, te quise niño
vendedor de tortas, te quise en la mirada de mis hermanos, en la patria que
recuperamos, te quise en la denuncia del horror que se guardo por años en este
suelo, te quise en la rabia histórica que nos comuna, te quise en tus
crecimientos, en las rectificaciones te quise. Por eso te recuerdo así, de pie, y con tu sonrisa de hombre bueno.
Gracias debo decir, gracias
Comandante,
en otras vueltas del aire nos vemos,
en otras luchas siempre!
viernes, 15 de marzo de 2013
Tú que eres de pie de canto y hondura
Nadie muere sabiendo que es la certeza
Nadie puede morirse en medio de un pueblo y no dejar las
huellas de su próximo naufragio
Mar que te abres en la mirada de un hombre que también esta
abierto sobre cada uno de nosotros
Nosotros que fuimos siempre el hambre el nacimiento que
fuimos la derrota la guerra de los huesos la carne de la empresa la ruina de la
calle el silencio
Nadie puede morir sabiendo que deja sobre la mesa todas las
cartas
el llano que aprendimos a querer en las noches de tu habla
Un hombre que es historia no se muere
arde como un fuego inacabado
Sol que nunca te vas que te guardas por ahora para que no
encandilar los ojos
Flor que adentro te creces que fuiste barro semilla que
fuiste agua y manos y cielo para hacerla posible
Que nos dijiste cruel es la hora de los pobres de los
desterrados
Nombre que fuimos desde entonces país que fuimos alma regada
como una pólvora en las calles
Los fusiles no eran tales sino el nudo que desde entonces
nos quedo en la garganta
ese que aprendimos de la muerte
Un hombre que ama no muere
tú que eres de pie de canto y hondura
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