Quizá alguien diga al final que hicimos lo posible
que en la calle a dos manos se nos hundió el mundo
que eso se hizo de ausencias
de faltas de pan compartido
que ninguno supo quemar adentro
que aprendimos a olvidar para sanar el tiempo
para andar a dos pies aún y a pesar de la derrota
Quizá alguien diga al final que supimos querernos
como se abren los cielos en lunas cargadas
en la dispersión del aire del desierto
Así el alma esta prestada al silencio
a la tiranía de los insectos
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