viernes, 31 de mayo de 2013

Dormir

Dormir para no mirar una clase media pasiva que se ahoga en el hastío
del porvenir como concepto fósil del mercado
del entendimiento fatuo
nada cambia
nada transgrede

Dormir para no dar respuesta al rostro del conforme
del católico
del de las buenas costumbres

Dormir para en ese silencio perdurable del aliento odiar sin reservas a mi generación
a su paquete de estupidez mediatizada
a su referente neoliberal y posmo
a todas esas sobremesas de la farándula y la política lihgt
una generación de cobardes acomodados en su existencialismo
han olvidado de dónde vienen
se avergüenzan de la calle que abrieron a zanjas de chapita y corredera

Dormir para no retener en los párpados la casa que se derrumba
la certeza de un tiempo cruel, visceral y arruinado
el que nos han dejado en el saqueo indetenible de la tierra
del aparato ilustrado que nos hicieron ser
cada horizonte carga esa misma rabia
ese mismo agotamiento masificado
esa misma ilusión de puñalada certera en el pecho de un enemigo difuso
vuelto discurso
signo
vuelto cuerpo en los otros
imposibilidad y corteza dura

Dormir para aguantar el sonido de los órganos cuando se enferman
cuando somatizan el aire, el olvido
cuando se vuelven ese animal intelectual y débil
que en su desclasamiento no sabe a qué territorio pertenecer
cuál es la jugada
la puteada
la inocencia
ese cuerpo que se sabe palabra y no accionar y no descalabro en la entrega de perderlo todo.

Dormir para olvidar el miedo
el arrepentimiento
la esfera absurda en que se convierte un día tras otro
un cargo tras otro
un jefe tras otro
un carcomido signo de 25 pisos que clama en los himnos de una dignidad que desconoce
el banquete ministerial
del post electoral
del partidista.

Dormir para arrancar la ternura que no salva
el afán de legitimidad que no arma
la ciudad postergada en nombre de dios padre y de las causas pueriles
cosméticas
trasmutadas en cada uno de esos cabrones que pasean en el centro como haciendo turismo
que les da miedo, que les de asco
el color de la piel de mi cimarronaje
que odian a los motorizados porque les temen
esos pequeños seres infelices que creen en el voto y el twitter como activismo político
que militan con sus chiqulets y sus ipods
con su creencia fiel en que todo estará mejor
en que todo volverá a la normalidad
esos que se hacen los pendejos cuando escuchan decir:
fosa común
cabilleros
pm
documentos clasificados de la disip
esos que creen que Chávez era un tipo exótico y Alí un cantor subido de tono pero simpático
esos que jamas entenderán que en esta parte de la arrechera histórica nadie olvida
que a la hora chiquita comeremos sus cabezas
haremos la justa acción del hambre de nuestro hijos
de Cantaura y Libia armada de dientes

Dormir ocultando la delgadez de los hombres consumidos por la piedra
los que se pinchan los brazos frente a las escuelas
los que no recuerdan cuánto de profundo tiene el pánico
cuánto de atormentada la búsqueda
ese espanto y garabato que se vuelven las bocas
el éxtasis y la caída lenta, sucia del bombardeo en el pecho

Dormir para dejar que el perseguidor hable de este tiempo
le ponga paisaje a la necesidad de creerlo todo
de creer en la distancia y el cifrado de los cielos turbios, multipolares

Dormir para destajar el guiro cósmico y adelantado
para calmar la angustia de lo inacabado

Me he dormido
he dejado que me embargue un delicado
infinito dolor subterráneo
uno que pueda con el ritmo de la sangre
que me deje irreconocible
que me desaparezca
sólo ahí, en esa breve muerte que es el sueño
volver a nombrarme
abrir desde los párpados un quiebre de las jaulas
de los consensos
mirar

miércoles, 22 de mayo de 2013

átomo de guerra y nacimiento

Nadie nombrará la ternura con que algunas palabras fueron hechas
y ese desdoblamiento en la carne es un signo para ti

Nadie nombra las maneras en que se imagina que muere todos los días
no hay tiempo para perder los brazos
güiro y sangre son ahora los pájaros que te comes
el nudo y la memoria

Nadie dice del tormento que es andar en dos piernas y un corazón en el pecho

Nadie dice que el cielo se quebró el día que se murió el primer niño
ese silencio nos ha tomado las puntas de los dedos
y hasta hoy logramos armar sólo un puñado de paisajes

No digo
anonimizo el trueno que me habita
átomo de guerra y nacimiento
todo ha de morirse en este pecho
una palma hacia arriba

No digo de la locura que espanta el claro de la garganta afilada
la cúspide de la pupila insomne

No digo de las manos que me soltaron en medio de la multitud
que se abrieron y ampliaron desde ahí un proyectil al centro de la ciudad

No digo de los signos que nos acompañaron
los que abrieron la tierra a puño de soplo
a puño de cuerpo conmovido



otra violencia

lo posible de la violencia no es sólo la mueca que te hace la vida una noche en un bar con diez mesas juntas, apiladas como cruces, bajo la misma espesa nube de alcohol y el snif
esa mueca es horrible y sin embargo
la violencia está en la boca del estómago que se abrió
que se quedó ahí
organo
parte de un cuerpo vencido
vencido por el hacer del quiebre un modus operandi
un lenguaje
una estética formal de su tiempo

la violencia de la que emana calma una lucha de ahogos
un grito negado de la resurección
ese que te vuelve a nacer como un orgasmoparto
para halarte de nuevo por las piernas
para atarlas a la imposibilidad de los límites
va uno
va dos
va tres golpes
 cada uno es una letanía   un tedio
un interminable subsuelo

la violencia es el silencio que se aísla en los trozos del pan
y rodea la taza del café como un juego macabro
como un reto de luces en alta por horas de pupila
ese silencio es la gesta de un tumulto de gente que desconoce
que inconmovida va a andar con su propia derrota
para a tu lado descifrar un saludo que no salva
y no salva tampoco el llanto de los hijos en la patada del oído
ni la leche derramada debajo de la mesa
ni el dormir tibio de una respiración ingenua
mentira, todos los argumentos son mentira
hay gente que escapa del libro de autoayuda  de la sala de cine
hay gente que se anda muriendo y arma en el aire un discurso logrado
tan lógico
tal lúcido
como la aguja que en cada espacio de palabra se clava
y es que esa esperanza se queda sin alimento
sin carne
se hace sólo el peso de lo gráfico
del imaginario en el otro
del bar a trastes
de la sobremesa inmaculada del café postergado

la violencia está en el quiebre justo
en el olvido