sábado, 26 de enero de 2013

Otro juego



“y de golpe tus mariposas entran en mí
y por consiguiente seas pétalo y galaxia
en esta tarde de julio”
Marcelo Seguel Bon



Porque siempre te despedías
eras otro juego, la mirada de otro
olvidabas que esta mano anduvo media ciudad contigo
te la llevabas al mar para tirarla y deshacerte
pero siempre volvía y era esta misma mano en tu sexo
en tu boca a las dos de la mañana llamándote desde el sueño –llorando-
todo esperma y humo
todo saliva y vino –la línea curva de mi espalda-
todo dolor- toda sombra era una mujer desnuda pariéndonos cada día como retrato de Frida en verano, invierno no existe en estos lados del mundo-
sólo esta espuma blanca trasmutada
el vaivén de los dedos cuando decís adiós, cuídate…y  no, te extraño desde siempre, desde la primera bocanada de este cigarrillo rubio.
El hombre que se larga cada noche después de hacerme el amor podías ser vos o cualquiera que igual no me ame y no tenga tu nombre.

mutada


Podría mi sexo ser el mismo que parió a todos los héroes
pero se empeña este cuerpo en ser el grito gitano en una sola voz ronca –rompiéndose-
y se configura desnudo
menstruado

Esta mano trasmutada podría ser la mía
anónima
sin apellido glorioso

Ni tuve santo


Moriré algún día
absurdamente y sola
en un hospital con olor a morfina
abierta y desnuda

Diles que no me recen
que nunca creí en dios
ni tuve santo
cállales la boca y sácame a la calle
siéntame en un árbol y olvídame allí junto a la tierra enrarecida

Diles a los hijos que no tuve
que no fue egoísmo
sino que desde ti aprendí a desamar
a comerme mis propios ojos

Moriré algún día 
y mi madre llorará sobre mi cuerpo detenido en la punta de la única verdad

Diles que no me entierren en un cajón con flores plásticas
diles que no me guarden bajo tierra como una muñeca rota
diles que nunca me gustó la soledad

Diles que coloquen en mis manos la memoria de mis pasos
el misterio difuso de los paisajes
todas las veces que me rompiste.

Madre que decía



Decía que la noche era una acumulación de hijos desterrados. Decía también que los humanos éramos peces perdidos en la tierra, venidos del mar, de ese vientre verde azul a gran escala. Yo, entre la rendija cálida de las sabanas seguía el movimiento de su boca con la minuciosidad con que miraba las películas mudas de Charlot. Y en la sombra éramos sólo dos peces ocultándonos de la tempestad terrible que afuera vomitaba soldados y cadáveres.
Recuerdo haber oído entre paredes una tarde a una mujer ahogándose en su llanto, como si la hubieran lanzado desde un muelle.
Decía que ya no estaba, entre pucheros desesperados que iban a callar en la redondez del cuello de mi padre. Él cerraba la puerta para ocultar su rostro derrotado. Permanecí frente a la perilla de pie, durante horas.
Años después entendí que aquella tarde un pez se había escapado de su vientre, y que cada vez que mi madre miraba la noche buscaba al desterrado, al hijo muerto.

Estás?


Estás?
y yo siempre estoy
haciendo de mi vida una quimera inversa
sobreviviendo apenas a la sombra
a la oscuridad de un libro carcomido
de una hoja que inventa estilos para dormir solo

Estás?
y yo siempre estoy
hasta que un día me succione un lienzo
para pintar con mi nombre la mutilación de los pájaros.