-¿Cómo decís vos que llaman acá a los papagayos?- preguntaba mascando una rama verde como los ojos de la fulana aquella
con su perfil rompiendo el frío de la ciudad durmiente, mujer bienamada con manos
entre bolsillos. –papalotes- respondía con el humo quemándole los ojos arenosos
como las calles de aquel diminuto espacio terrenal anclado en medio del mar,
mujer con manos detenidas sobre la mesita del café. -¿cómo la canción de
Silvio?- preguntaba sorbiendo el último sorbo de la botella verde…verde como
los ojos de la fulana aquella de los cafés y las bufandas y el cinema mudo a
medianoche. –sí- respondía, apagando el porro en la suela del zapato que dos
días antes se había puesto quebrada de llanto en un hotel cualquiera de la
ciudad durmiente y tibia.
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