Moriré
algún día
absurdamente
y sola
en un
hospital con olor a morfina
abierta y
desnuda
Diles que no me recen
que nunca
creí en dios
ni tuve
santo
cállales la
boca y sácame a la calle
siéntame en
un árbol y olvídame allí junto a la tierra enrarecida
Diles a los
hijos que no tuve
que no fue
egoísmo
sino que
desde ti aprendí a desamar
a comerme
mis propios ojos
Moriré
algún día
y mi madre
llorará sobre mi cuerpo detenido en la punta de la única verdad
Diles que no me entierren en un cajón con flores plásticas
diles que
no me guarden bajo tierra como una muñeca rota
diles que
nunca me gustó la soledad
Diles que coloquen en mis manos la memoria de mis pasos
el misterio
difuso de los paisajes
todas las veces que me rompiste.
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