de la transgresión de un cuerpo que te habita
y de la calle sonora de banderas
un cielo -balcón para el recuerdo
esa noche en que la caída fue adentro
en la absoluta soledad de todos esos cuerpos tomados
en la certeza distraída de un nombre para llorarlo
de una espina a mitad que te dió vida
doy palabra para que la guardes en el quiebre
en las flores que cayeron en la plaza ese día
en el beso y lo efímero del paso de tu tiempo
doy palabra en la frente
en el sublime de un país estallado
renacido
en la sangre que quisimos entregar para colmar el aire
de algo más certero que un himno
que nos tomamos de la mano
que te lloramos abiertos
que te dijimos que entonces hubiera valido la pena que aquella noche nos levantáramos de la mesa a minar el cuerpo de ruina
ese mismo andar recuperado que manejamos cada mañana con torpeza
en ese mismo intento de nacer algo más que lo coloro- dormido
este ahora que es espeso y es doloro
que se hastía de una calma en la manera de hacernos
que se descalabra y se vuelve a juntar para gotear a la sombra
para quebrar las paredes en la nostalgia más fina
en la agudeza en la que ahora se juntan todas las soledades
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