miércoles, 27 de febrero de 2013

Elegía para un olvido


Ella que fue todos los cuerpos que se posaron
la carne  y las sombras

Ella que fue su parto
y su llanto
la calma que se armó esta mañana frente a un espejo propio

Ella que armó de gracias los soles y le puso fecha a su muerte
que cargó consigo paisajes más profundos
andares más sonantes

Que escupió sobre la tumba de los ejecutantes
sobre la tierra compartida

Ella que huyó y se cambió de cuerpo
y se partió a dos mitades con el tiempo
que soñó diseccionada la ruina de su generación

Ella que amó el ruido con que se pronuncian los nombres
que dejó partir un hijo por pura convicción
que aún lo recuerda

Ella que se hizo signo para sobrevivir
que abajo dejó la fe sobre un suelo que no habla
que no cura
que no canta

Ella que tiene memoria
que guarda sus muertos en cada mano
y en cada estocada de la luz

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